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ELENA

 
. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida,  ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.  
(Exódo 21:24)
.



Prólogo

Corría sin dirección. No había ningún lugar seguro al cual acudir.
La más oscura de las noches se cernía sobre ella acentuando su desesperación, difuminando su entorno. El último de sus pensamientos se había transformado en deseo, instinto y meta: debía escapar. Respirar, escapar, correr, esa noche transformó aquellas dispares palabras en sinónimos.
Debía adentrarse en lo más profundo de las entrañas de Pontastrada, esquivando obstáculos etéreos que apenas percibía visualmente.  Sentía tanto dolor por todo su cuerpo que le era imposible precisar su lugar de origen. Cada inspiración era una particular tortura; la exhalación, una exigua recompensa. Era una noche húmeda y calurosa, sin aire limpio. Los diferentes olores la abrumaban, el propio la revolvía por dentro. Los contenedores de basura atestados, pudriéndose, sometidos a las altas temperaturas de la estación, las moscas sobrevolándolos alborozadas, gozando cada partícula, mareándola, acentuando la quimérica escena. ¿Dónde se encontraba? ¿Por qué corría? ¿De quién escapaba? ¿Quién era ella? La sangre ajena tiñendo sus manos y su rostro, marcándola por siempre, exponiendo al  desentendido observador una  razón para enjuiciarla, sin pruebas, sin prudencia, sin nada. El sudor recorriendo su frente, llenando su rostro de falsas lágrimas, mezclándose con las salpicaduras escarlatas.
El revolver latiendo en el bolsillo de su chaqueta, aferrado vitalmente a su mano zurda, la más útil, la única con función trascendental. La que la llevaría lejos de ella misma, de su historia y vida, la confiable proveedora de un futuro brillante, sin limites… La misma que sostenía la mayor de las evidencias.
Debía huir, hacía delante, izquierda, derecha, no importaba la orientación pero siempre adelante, allí encontraría una salida. Era su deber primordial porque sabía en lo más profundo que no podría correr por siempre.
Los suburbios de la ciudad parecían ser infinitos. Tenía la vaga sensación de que su violenta carrera era tan solo una ilusión. Las pequeñas callejuelas sumidas en una espectral penumbra se sucedían una tras otra, superponiendo los diferentes paisajes, aglutinando las escenas, los objetos y las personas. Asfalto, latas corroídas, gatos callejeros moviéndose entre los contenedores de basura, insectos zumbando, pitillos aplastados, charcos superficiales de agua inmunda, farolas titilando, panfletos desgarrados, un rayo de luna atravesando una ventana, paredes grises, varias puertas, un vagabundo hablando solo, una línea peatonal, un semáforo, un hombre le gritaba algo a una prostituta, el sonido de la sirena siempre y nunca demasiado cerca, más imágenes sin nombres, un puntazo en el estomago, más sonidos y olores, sus pulmones suplicando una bocanada de aire fresco, un callejón sin salida; un auto rojo ingresando a contramano, frenando en seco, acorralándola entre tres paredes, sin escapatoria. El momento en que todo terminaría había llegado, la persecución había concluido. Cambio de escena, de situación, de personajes. El final de un mundo dorado.
El flamante vehículo rojo desgarró la escena; sueño y realidad, contrapuestos. No más limites. Se detuvo el motor descomponiendo su hasta entonces primordial pensamiento, e invitando a los demás a torturarla.
La puerta del conductor se abrió. Evitando cualquier contacto visual, se dio media vuelta, los faros del auto la enceguecían. Lenta y suavemente unos zapatos granates de tacón de aguja se asomaron, uno tras otro, hundiéndose en un gran charco poco profundo de agua sucia que reflejaba el rostro aterrado de la acorralada. A medida que la figura de la recién llegada se incorporaba, su sensación de sofocamiento se intensificaba. No podía respirar. No podía moverse. Su cuerpo se reconocía encerrado por un abismo; el único lugar seguro era aquél, ese pequeño y húmedo territorio bajo sus pies, cualquier paso en falso la mataría. El agua del charco comenzaba a extenderse por sus zapatillas de lona, alguna vez blancas. Podía sentir la calidez putrefacta del agua en sus pies uniéndola a los zapatos rojos de su persecutora. Ellos avanzaban sobre el charco, ganando terreno.        

—Ya no tienes porque seguir huyendo, cariño. Todo ha terminado…—Le dijo con una dulzura gélida y artificial que le produjo un aterrorizante estremecimiento en cada parte de su dolorido cuerpo. —Sabes lo que tienes que hacer, cariño, vamos, ven aquí, debes entregarla…

La mujer escarlata iluminada tenuemente por las titilantes farolas de la noche ambarina le extendió una de sus delgadas manos. Los dedos largos y finos se presentaron ante ella como un seguro refugio donde todo volvería a estar bien, donde sus sueños y ambiciones volvían a recobrar su antiguo color. Sabía que al estrechar su mano firmaría un pacto. El simple roce de su piel le costaría algo más que su corazón. La llave de la libertad a cambio de una vida. La hora de elegir entre lo sagrado y lo correcto, la razón y los sentimientos, la lealtad y la traición. Debía hacerlo, no había vuelta atrás, no más escapatorias; estaba acorralada. Sólo tenía que escoger una de las dos opciones, perder o avanzar.
En lo más profundo de sus pensamientos, sabía que hacía tiempo que había tomado esa decisión, debía aceptar quién era ella y quién nunca podría ser. Esa persona que viviría con la carga de una traición a cambio de todos sus anhelos, sí, esa era la elección más apropiada para alguien como ella, esa actitud sí que iba con su personaje.
Sus manos se encontraron bajo un rayo de luna, firmando un pacto invisible sin tinta ni papel.
La muchacha se dejó arrastrar abatida hacía el flamante auto rojo, sin resistencia, sin voz, había perdido la capacidad de actuar por sí misma, se sentía como una marioneta cuyos hilos se enredaban en las pálidas manos de aquella mujer todopoderosa.  
Como dos reflejos del mismo espejo, sus miradas se cruzaron.

—Haces lo correcto, cariño, siempre haces lo correcto…—Le balbuceó al oído.

Sentada en el asiento trasero del auto, aquellas palabras repicaron en su cabeza, mezclándose con las propias, todas aquellas que era incapaz de emitir. Decidió que era hora de olvidar, de continuar su camino, de aceptar las bifurcaciones.
El vehículo arrancó iluminando de un carmín peligroso la escena mientras la más oscura de las noches se cernía sobre él.
©2007-2009 ~aishashow
:iconaishashow:

Author's Comments

Este es el prólogo de una de las dos novelas en las que estuve trabajando este año, tiene varios nombres pero ninguno fijo pero como en Deviant hay que poner títulos pues "Elena" pero originalmente no se llama así.

;) Espero que les guste...

Capitulo I: La Escritora:[link]
Capitulo II:La Mejor:[link]

Comments


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:iconpetronieska:
Me gusto muchisimo. Interesante propuesta.

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:invisible:My Stock account
:invisible:
:iconkrmenviktoria:
es genial!!! rayos...yo nisiquiera podía escribir un resumen de la caperucita roja y tú vienes y me haces leer esto.... >_< eres mala ah!! hahaha mentira, es q está genial!!! :clap: yo sólo logro escribir canciones en japonés >_< xq en español siempre me suenan mal ^^;

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僕はぷるぷるぷるぷるぷぷるん♪
キレイなあなたに食べられたい♪
:icongiraluna:
me senti atrapada en tu relato impresionante!!!!!

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"We don't sell drills, you buy holes!" (levitt)
:iconklaudas:
Me encantó! me enganché desde el principio ^.^ la historia está completa? deberías colgarla tb jeje

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あなたの夢真来
My DA [link]
:evillaugh: Someday I will conquer the world :evillaugh:
Hidden by Owner
:iconaishashow:
Escribis canciones en japonés? Deberías colgarlas, me gustaría leerlas (con traduccion porque sino no me entero de nada) me parece super curioso que escribas canciones en japones, pero como eres japonesa XD tampoco debería parecerme curioso jejeje
a ver si subes alguna ;)
Yo tampoco puedo escribir un resumen de la caperucita roja XD asi que no te preocupes!
Muchas gracias por leer y me alegra mucho que te haya gustado!

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Tal vez los hombres inventaran el fuego, pero las mujeres inventaron como jugar con él
:iconaishashow:
¡¡ Muchas gracias por leer y por el fav!!
Me alegra mucho que te gustara, tenía miedo que la gente no se enganchara! ;)

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Tal vez los hombres inventaran el fuego, pero las mujeres inventaron como jugar con él
:iconaishashow:
¡ Muchas gracias por el fav, linda!!
Me alegra muchisimo que te haya interesado ;)
se supone que el prólogo funciona como un cliffhanger en este caso asi que si no enganchaba lo había hecho fatal,
muchas gracias por leer, como siempre :glomp:

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Tal vez los hombres inventaran el fuego, pero las mujeres inventaron como jugar con él
:iconajavier81:
le dare un favorito para leerla depsues y luegote digo que tal....

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boku wa soba ni iru kara......
:iconaishashow:
Vale, muchisimas gracias ;)

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Tal vez los hombres inventaran el fuego, pero las mujeres inventaron como jugar con él

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August 19, 2007
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